Cada mañana llegamos dispuestos a jugar y disfrutar. Un día la rutina cambió y nos sorprendió.

¡La sala se transformó en una pizzería!: sobre las mesas encontramos pizzas; pero les faltaba la salsa, el queso y el tomate. Como grandes cocineros las pintamos con témpera roja como si fuera la salsa, les pegamos el queso y por último agregamos tomates de cartulina. ¡Quedaron deliciosas!; y aprendimos un montón: pintamos con pincel y cuidamos que nuestros quesos quedaran dentro del espacio de la pizza, igual que los tomates, que no debían salirse de los límites. Para terminar el trabajo, decoramos las cajas de cartón con rodillos, témperas y papelitos pegados. ¡Nos divertimos mucho!

No solo trabajamos en la cocina, sino que también salimos a jugar al patio y realizamos otras actividades complementarias. 

¡Hasta la próxima!