Difícil de poner en palabras sentimientos indescriptibles.

Difícil de expresarles a ustedes, lectores, lo que experimentamos aquellos que tenemos la suerte de ir a “La Llave”. Pero vale la pena el intento, el intento de que comprendan que se vive en ese increíble y asombroso pueblo.

Kilometro 1161 de la ruta nacional 95, ahí está “La Llave”, con sus características y particularidades que lo hacen único e inolvidable, ahí está ese pueblito rural de unas 20 familias, todas con sus historias, sus problemas, sus dificultades y complicaciones, pero con una fuerza y unas ganas inconmensurable de dar amor, de recibirnos y de compartir su semana con nosotros. Porque ellos son así, son sencillos y desinteresados, solo buscan a alguien que los escuche, que les preste un oído y les comparta su tiempo, y eso es lo que hacemos allá. Compartir. Compartimos mates, charlas, juegos, partidos de futbol, canciones, sonrisas, alegría. Una alegría que no se encuentra con facilidad, que está escondida en lo simple, difícil de percibir en Buenos Aires por la velocidad de su día a día; una alegría entre Chaqueños y misioneros unida por el amor de Jesús, ese amor que no discrimina y que nos hace iguales ante su mirada, porque por Él estamos ahí, somos instrumentos de Dios que vamos en su nombre a transmitir su palabra.

No quería dejar pasar la oportunidad para comentarles el objetivo que nos pusimos aquellos que misionamos en “La Llave” y es el de formar una comunidad unida, con lazos fortalecidos y basada en el cuidado entre ellos, impulsándolos a que no se olviden de sus pares, de sus vecinos, de aquellos que habitan este magnífico pueblo. Para ello, hay que vencer la soledad y el olvido, tarea ardua y  compleja pero no imposible. Los que misionamos allí dimos, damos y daremos todo de nosotros para “ganarle” al olvido y alcanzar el objetivo que nos planteamos; ya que nos llena de felicidad verlos crecer en y como comunidad, de a poco, y con pequeños pasos pero que nos acercan a eso que tanto buscamos y anhelamos.

Agradecidos eternamente por poder misionar en “La Llave”, conocer su gente, sus caminos de tierra, sus historias, esa escuelita que hace las veces de casa y encierra un sin fin de sonrisas de los chicos y adultos, que nos comparten cada una de sus tardes y se abren a nosotros confiando en que cada minuto que pasamos en ese lugar es por y para ellos. Y doy fe de eso.

Sin más, quisiera agradecer al grupo misionero y a todos los que forman parte de el por hacer todo esto posible. Por permitirnos conocer a este pueblo y su gente, la cual nos llena de amor cada vez que los visitamos y a la cual nosotros tanto queremos y apreciamos. 

Un abrazo al alma.

Autor : Julian Nasjleti promoción 2014

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