“Ser testigos de Dios, transparentes, abrazando las miserias, con Fe, dando lo mejor de nosotros, a la manera de María.”

Veintiocho personas reunidas con el mismo propósito, dejando de lado las diferencias, la comodidad, la rutina. Una vez en Chaco no importa si ya tenés experiencia misionando, si es tu primera vez o la edad que tenés. Lo que importa es quien sos y que tenés para ofrecer a los demás, ya sea el grupo con el que te tocó misionar o con los chaqueños.

La escuelita de La Llave es mi “casa lejos de casa”. Es ese lugar en donde te sentís cómoda, segura y en paz. Ese ese lugar que no importa la cantidad de ruido que haya o la cantidad de gente, siempre transmite alegría y amor. Cada gesto, cada momento, cada palabra o cada mirada es un nuevo recuerdo que fácilmente se asocia con el bienestar. Porque solo basta con una charla, un abrazo o unos mates compartidos para transmitir y sentir las emociones que las palabras no pueden describir.

Uno de los objetivos de la misión es salir al encuentro de los demás. Sin embargo esto no significa salir solo al encuentro de los chaqueños, también es encontrarse con el grupo, con uno mismo y con el que hace esto posible: Dios. Él junto a María caminan a nuestro lado guiándonos por los caminos tanto conocidos como no y ayudándonos a ser instrumentos de su voluntad.

En tan solo una misión ocurren tantas cosas, nuevas emociones, nuevos vínculos. Cada persona que entra a la escuelita pasa de ser un desconocido, a un amigo, a ser familia. Familia que se une por las tardes a celebrar la Palabra de Dios, a tomar unos mates y jugar al fútbol, a tejer , a pintar, a pasar tiempo juntos.

Al final estas son solo palabras y las palabras se hacen cortas al momento de expresar todo lo sentido, no importa que tan precisas sean. Experiencias como estas no se entienden a través de la lógica, sino que se sienten.

Candelaria De Rentería

 

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