El km 28. Un lugar desconocido al norte de tres isletas, Chaco. No aparece en los mapas; no aparece en los buscadores y ni siquiera sabe de su existencia mucha gente con años de experiencia vivida y muchos lugares recorridos. Sin embargo, ellos si lo conocen y muy bien.


Con temores, expectativas, ilusión y entrega emprendimos el viaje que no dejó de sorprender desde un primer momento. Desde el traslado de tres isletas hacia la escuelita, las anécdotas vividas años anteriores generaban grandes recuerdos en el grupo y mucha expectativa a los nuevos misioneros que, con ansias, esperaban la llegada al lugar.
La espera finalmente termino. Facu, Rodri y otros jóvenes y adultos nos esperaban en la escuelita. Inmensa su felicidad al vernos llegar. Rápidamente nos organizamos y, cuando nos habíamos dado cuenta, el día ya había finalizado.

El primer día llegaba, y, ya metidos un poco más en la misión emprendimos la visita de las casas. Caras conocidas, otras no tanto, ronda de mates, charlas, anécdotas, preguntas, Elena, Hilda, Karina, Julio, Hugo… Emocionante. Por la tarde llegaron las actividades en la escuelita donde niños, jóvenes y adultos compartieron la tarde con nosotros mediante una celebración y distintas actividades que fueron marcando el rumbo de la misión.
El final del primer día había llegado. Mucho cansancio nos rodeaba y a pesar de las distintas edades de los integrantes del grupo, la predisposición, la confianza y la unidad no fueron un problema ya que se generó un clima de verdadero grupo rápidamente.
El espíritu misionero nos dio fuerzas para seguir los siguientes días. Nuevas casas iban apareciendo, nuevas caras, nuevas experiencias, las oraciones de la noche y la mañana que nos fortalecían y nos hacían reflexionar, almuerzos con diferentes personas, chorizos a la parrilla en lo de Julio, la infaltable compañía diaria de Antonio, la peregrinación hacia la capilla, los refugiados sirios, nuevos testimonios, celebraciones, la kermesse, la comida a la canasta…

La comida a la canasta: la última noche en tierras chaqueñas. Todos trajeron cuanto pudieron y con la mejor onda y nosotros con lo último que nos quedaba, compartimos la mesa. Una verdadera fiesta. Todos bailaban, reían, el truco con Toli y hugo, el último partido de bochas, y como olvidar las infaltables anécdotas de René y su querido doctor. Más de 80 personas compartiendo el fogón y cerrando con unas palabras en las cuales prometimos volver el próximo año a traerles esa alegría inexplicable que nuestra presencia les da.

El fogón, las comidas compartidas, las risas, las charlas, los mates, las bochas, el truco: todo suma. Ellos, que conocen muy bien el lugar, se dieron a conocer, a compartir, a pensar, todo para formar comunidad; una comunidad a ambos lados: su comunidad, en tierras chaqueñas y la nuestra, los misioneros del 28, que unidos y sin temores nos mostramos simples, transparentes, y a su servicio para lograr el objetivo: Generar comunidad, un objetivo que se está cumpliendo aunque aún queda mucho por trabajar…

Fran Di Rado

 

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