La misión de este año a Pampa el Gallo se asemejo más a una visita a la familia durante las vacaciones de invierno que a una visita de un grupo de misioneros, ajenos a la comunidad, siendo enviados a evangelizar el paraje.

Por quinto año consecutivo, la bellísima comunidad del Lote 17 nos recibió con los brazos abiertos y con un amor inexplicable. La realidad es que el fruto de la misión durante los últimos tres años (años a los cuales asistí al pueblo) se hizo cada vez más visible y fuerte, y este año no fue más que un año de cosecha; cosecha de una siembra que hicimos durante los últimos cinco años, con cientas de mesas compartidas, actividades, tardes, mates, abrazos y charlas, entre otras cosas, producto de ese amor fraterno el que nos habló Jesús.

Llegamos y gente de la comunidad ya nos estaba esperando para acomodarnos en la Escuelita 509, “acomodarnos” ya que por cierto tema logístico de instalaciones de Voy con Vos, este año nos recibieron en la “escuelita vieja”, por providencia de Dios y por el enorme y sacrificado trabajo de la gente de Pampa el Gallo, (cuando oyeron que dormiríamos allí, se pusieron con manos a la obra, arreglando techo, ventanas y paredes, y dándole una mano de pintura), las aulas se encontraban en perfecto estado y nos fueron muy acogedoras.

Luego de establecernos, comimos, tuvimos una linda oración y nos fuimos a dormir, para ya encarar la semana. El día Lunes, tuvimos misa y nos visitó el doctor, quien atendió a la gente del paraje, posteriormente a darles una charla, mientras el cura se encargaba de confesar. Todas las mañanas salíamos a visitar a las casas, como de costumbre, y la tarde la gente se pasaba por la escuelita y compartimos la tarde con actividades y una celebración. Todavía sigo asombrándome al ver cómo nos reciben las familias en las casas, con una hospitalidad increíble, y sirviendo lo mejor de lo poco que tienen sobre la mesa, y negándose a ofrecer menos. Los fideos ahí tienen algo mágico! Según ellos la receta no tiene nada en especial, supongo que el amor si pasa por ingrediente en Pampa jajajaja.

Tuvimos la suerte de conocer al Padre Juan, un sacerdote que conocimos en nuestras caminatas, que tiene una capillita en Pampa del Infierno, y nos regaló una muy linda misa el miércoles, día de su cumpleaños. El Jueves, en lugar de hacer una celebración, plantamos un lapacho, y cada uno tiraba un poco de tierra sobre él, diciendo en voz alta sus sueños. Salió increíble! La gente se animó a decir sus más profundos deseos sin miedo, con orgullo y esperanza. A pesar de encontrarnos con algunos obstáculos y con cierta dejadez en el camino a lo largo de estos últimos años, se notaba como la gente sigue con el sueño de algún día lograr construir una capilla (de San Marcelino, como ellos dicen) junto a la escuela, y de que la comunidad siga unida, creciendo fuerte como el lapacho (Dios quiera que lo cuiden).

Cerramos la misión el viernes con una bellísima y muy emotiva (sí, corrieron muchas lágrimas por parte de ambos, misioneros y chaqueños) celebración guiada por el Hermano Darío, y luego nos despedimos con una comida a la canasta.

Despedirse fue muy costoso, pero les pasamos la posta. Creemos, y los vimos preparados para que sigan la misión ellos mismos. Les dimos cruces a cada una de las familias para que sigan el ejemplo de Jesús, y se sigan viendo, y amando al igual que lo hacen cada semana que los visitamos durante los últimos 5 años. Es un gran desafío, pero ellos son capaces de romper con cualquier tipo de barrera si se lo proponen. No fuimos a llevarles a Jesús, fuimos a hacerles darse cuenta que Jesús ya estaba ahí, entre ellos.

Facu Milhas