Comunidad de Hermanos

Análisis de la alimentación Humana a través del tiempo

Lic. en Nutrición  Sofía del Carmen Paredes
 
Si hacemos un poco de historia vemos que en la evolución de la humanidad, nuestros antepasados prehistóricos debieron buscar sus alimentos con esfuerzo físico. Hace millones de años el hombre nómade se alimentaba de vegetales y de carnes magras de animales salvajes a los que debía cazar. Al hacerse sedentario, aprende a cultivar los vegetales y a criar los animales para su consumo. Esto hace que disminuya su actividad física y que la disponibilidad de los alimentos aumente.
Con la revolución industrial, la incorporación de las máquinas produce un cambio al reemplazar el esfuerzo físico por el trabajo mecánico.
Es así cómo en la evolución de la humanidad, factores culturales, económicos, sociales y ambientales van instalando estilos de vida diferentes, que se adecuan al tiempo y lugar en que ocurren.
Pero no sólo en lo referente a la obtención de alimentos ocurre este proceso. En lo referente a actividades intelectuales, negocios, movilidad, etc., el sedentarismo se ve incrementado, lo que provoca que el hombre se mueva menos, coma de manera descuidada, velozmente y cualquier cosa.
Estos estilos, en lo que a la alimentación se refiere, produjeron cambios de hábitos y pasamos así del hombre primitivo que tenía que realizar una actividad física importante, con esfuerzo, para conseguir sus alimentos, al hombre moderno al que la tecnología le facilita el sedentarismo y le ofrece una mayor disponibilidad de productos procesados. Sabemos que no basta con comer lo que se tiene ganas hasta saciarse, sino que es necesario alimentarse adecuadamente para estar saludables.
En las ciudades, los cambios en el estilo de vida se suceden permanentemente al adecuarse el hombre a las distintas situaciones que le toca vivir día a día.
Si nos referimos al trabajo, la situación actual hace que se permanezca fuera del hogar la mayor parte del día lo que ocasiona que se hayan reducido los tiempos para la preparación de la comida familiar.
Como consecuencia la industria facilita alimentos ya elaborados, listos o casi listos para ser consumidos. También es sintomático de estos tiempos el aumento de sitios de “comidas rápidas” y de negocios que envían comidas a domicilio.
En las góndolas de supermercados hay tal variedad de estos productos que su elección lleva tiempo y muchas veces no es lo más adecuada en lo que respecta al aspecto nutricional.
Investigaciones y encuestas alimentarias realizadas a nivel poblacional sustentan lo mencionado anteriormente. En ellos observamos que el cambio de hábitos en la mayoría de los casos, lleva a una menor calidad de la alimentación, con aportes deficitarios de nutrientes en los grupos etarios más vulnerables como son los niños, púberes, embarazadas y ancianos.
Debemos rescatar el valor de la alimentación y el respeto por el “acto de comer”
Una alimentación adecuada es la que tiene en cuenta las características de la persona, el clima, actividad física, disponibilidad de alimentos e ingresos. A esto llamamos “alimentación normal”.
Nuestro patrón alimentario establece el consumo habitual de alimentos de origen animal y vegetal, variando al máximo las preparaciones, distribuídos en cuatro o cinco tomas o comidas por día, respetando la distribución de desayuno, almuerzo, merienda, cena y alguna colación.
Si tenemos en cuenta que de alimentarnos bien depende nuestro desarrollo físico, psíquico e intelectual futuro, los objetivos de este análisis sobre alimentación normal son:
.-Participar activamente, junto con otros profesionales de la salud, en el asesoramiento para tener una vida sana.
.-Contribuir con información objetiva referente a una alimentación saludable.
.-Involucrar al individuo en la planeación de cambios en su conducta alimentaria.   
 
Si hacemos un poco de historia vemos que en la evolución de la humanidad, nuestros antepasados prehistóricos debieron buscar sus alimentos con esfuerzo físico. Hace millones de años el hombre nómade se alimentaba de vegetales y de carnes magras de animales salvajes a los que debía cazar. Al hacerse sedentario, aprende a cultivar los vegetales y a criar los animales para su consumo. Esto hace que disminuya su actividad física y que la disponibilidad de los alimentos aumente.
Con la revolución industrial, la incorporación de las máquinas produce un cambio al reemplazar el esfuerzo físico por el trabajo mecánico.
Es así cómo en la evolución de la humanidad, factores culturales, económicos, sociales y ambientales van instalando estilos de vida diferentes, que se adecuan al tiempo y lugar en que ocurren.
Pero no sólo en lo referente a la obtención de alimentos ocurre este proceso. En lo referente a actividades intelectuales, negocios, movilidad, etc., el sedentarismo se ve incrementado, lo que provoca que el hombre se mueva menos, coma de manera descuidada, velozmente y cualquier cosa.
Estos estilos, en lo que a la alimentación se refiere, produjeron cambios de hábitos y pasamos así del hombre primitivo que tenía que realizar una actividad física importante, con esfuerzo, para conseguir sus alimentos, al hombre moderno al que la tecnología le facilita el sedentarismo y le ofrece una mayor disponibilidad de productos procesados. Sabemos que no basta con comer lo que se tiene ganas hasta saciarse, sino que es necesario alimentarse adecuadamente para estar saludables.
En las ciudades, los cambios en el estilo de vida se suceden permanentemente al adecuarse el hombre a las distintas situaciones que le toca vivir día a día.
Si nos referimos al trabajo, la situación actual hace que se permanezca fuera del hogar la mayor parte del día lo que ocasiona que se hayan reducido los tiempos para la preparación de la comida familiar.
Como consecuencia la industria facilita alimentos ya elaborados, listos o casi listos para ser consumidos. También es sintomático de estos tiempos el aumento de sitios de “comidas rápidas” y de negocios que envían comidas a domicilio.
En las góndolas de supermercados hay tal variedad de estos productos que su elección lleva tiempo y muchas veces no es lo más adecuada en lo que respecta al aspecto nutricional.
Investigaciones y encuestas alimentarias realizadas a nivel poblacional sustentan lo mencionado anteriormente. En ellos observamos que el cambio de hábitos en la mayoría de los casos, lleva a una menor calidad de la alimentación, con aportes deficitarios de nutrientes en los grupos etarios más vulnerables como son los niños, púberes, embarazadas y ancianos.
Debemos rescatar el valor de la alimentación y el respeto por el “acto de comer”
Una alimentación adecuada es la que tiene en cuenta las características de la persona, el clima, actividad física, disponibilidad de alimentos e ingresos. A esto llamamos “alimentación normal”.
Nuestro patrón alimentario establece el consumo habitual de alimentos de origen animal y vegetal, variando al máximo las preparaciones, distribuídos en cuatro o cinco tomas o comidas por día, respetando la distribución de desayuno, almuerzo, merienda, cena y alguna colación.
Si tenemos en cuenta que de alimentarnos bien depende nuestro desarrollo físico, psíquico e intelectual futuro, los objetivos de este análisis sobre alimentación normal son:
.-Participar activamente, junto con otros profesionales de la salud, en el asesoramiento para tener una vida sana.
.-Contribuir con información objetiva referente a una alimentación saludable.
.-Involucrar al individuo en la planeación de cambios en su conducta alimentaria