Queridos niños Champa 1960 A, queridos Hno. Ángel y Hno. Agustín,

Una emoción, cincuenta y cuatro años después, volver a estar juntos en nuestro colegio. Gracias, Hno. Ángel, por esta invitación a almorzar que recibimos los exalumnos Promoción 1960 A. La pasamos muy bien. 

 

Fuimos catorce al final, nadie que quiso ir se quedó afuera. Tuvimos algunos ausentes que hubieran querido ir pero no pudieron.

A las 12:45, en la entrada de Marcelo T., nos recibía el Ángel, sonriente y feliz. 

Para la mayoría fue sorpresa conocerlo, los curas de hoy no usan sotana ni nada que los identifique como tales. "Una lástima que no usen más la sotana", me diría luego alguien, y algunos concordaríamos en la nostalgia. Quizás en eso seamos algo viejos, como nos lo hizo notar un tercero, muy de acuerdo con la no sotana.

El almuerzo fue cerca del cielo, porque el ascensor, que nos llevaba de a cuatro, ascendió hasta el piso 7mo. donde conocimos la capilla propia de los hermanos, íntima y sencilla. Allí rezamos un Ave María.  

El otro hermano que nos acompañaba era el Agustín, un español nacido en Palencia, llegado a nuestras tierras en 1970. "Hay tres hermanos más", nos comentaron, "uno de viaje y otros dos en el médico".

"Hay que bajar al 6to", dijo el Agustín. Bajamos con las vituallas, o sea el vino y algunas masitas y cosas dulces que habíamos llevado, como visitas prolijas. En el sexto piso, el lugar donde hay cocina y sala donde comen los hermanos, nos esperaban con dos mesas largas y prolijamente preparadas. En una mesa el Ángel, en la otra el Agustín. Para ellos era un acontecimiento tanto como para nosotros.  

Alberto Culaciati el Aviador no contó los chistes de siempre, aunque cuando arrancó temimos lo peor. El primero no estuvo muy feliz, aunque sospecho que el Agustín quedó encantado, pero los siguientes fueron no sólo de salón, sino a nivel de los que nos tiene acostumbrados.

La sobremesa, ya en mesa única, estuvo muy divertida.

A continuación empezó el tour. Yo ya sé de qué se trata, vengo de hacerlos en un viaje, esas caminatas de horas hasta el último rincón. "Este es el futuro lugar para el Jardín de Infantes", dijo el Ángel en el cuarto piso, todavía en construcción. Recorrimos las aulas, el nuevo oratorio, la capilla reubicada. "¿Es la imagen de la Virgen de la capilla vieja” preguntó el Ángel. "Es otra", dijo Ricardo Nazar el Memorioso, aunque a veces se equivoca. 

Conocimos las nuevas instalaciones para Química, Física, Dibujo, Informática y el cultivo de Hidroponía. Estuvimos en la Biblioteca que está en el lugar de siempre, restaurada, que muchos no conocíamos. Los recorridos no dejaron casi ni un lugar sin visitar. Invadimos un par de clases, en una de ellas estaba mi nieto, Tobías Huergo, emoción centuplicada para mí.

Después de dos horas algunos menos entrenados se morían un poco más que otros. Pero fue un placer total, un encuentro único. 

Este año se comienza a festejar el centenario, que tiene que ver con el primer alumno, Moreno Hueyo, el padre de Foca. Los festejos culminarán en el 2015. El hijo del exalumno más famoso preguntó cómo ayudar. "Necesitamos fotos", dijo el Ángel, o cualquier cosa que tengan. Quedé en mandarles las nuestras. 

Antes de irnos dejamos nuestras firmas en una de las Salas. Con marcador sobre pizarra blanca. La tiza y el pizarrón negro fueron abolidos hace tiempo, más nostalgia. "Esto será un documento más para festejar el Centenario", dijo el Ángel. Fue el momento que por lejos me sentí más eterno

Enormes gracias, Hno. Ángel.  Un placer conocerlo, Hno. Agustín, gracias por acompañarnos. 

Un abrazo a todos y será hasta la próxima.

Hernán Huergo